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Es bueno realizar actividades, pero a su vez debemos poder disfrutarlas. Para ello, muchas vveces hay que aprender a decir que “no”.

Muchas veces por, cumplir con los deseos o expectativas de los otros realizamos actividades que en realidad no queremos hacer y vamos contra nuestros propios deseos. Esto, indudablemente tiene impacto sobre nuestro estrés y ansiedad, ya que hay una expectativa hacia nosotros y nos vemos en la posición de “cumplir”. ¿Pero qué costo tiene eso en detrimento de nosotros mismos?

Una herramienta, en el tiempo de las tecnologías a nuestros servicios, que podemos aprovechar son las alarmas de los celulares y los calendarios online. Si tenemos muchas preocupaciones y compromisos, pueden ser un gran aliado, sobre todo cuando nuestra memoria comienza a fallar por causa del estrés.

Por otro lado, además de la cantidad de actividades que nos programamos para una jornada, la organización del tiempo para realizarlas es crucial. Por cada hora de planificación que invertimos nos ahorramos muchas más de ejecución. En esta planificación debemos tener en cuenta nuestros objetivos pero también los posibles imponderables, cuestiones externas a nosotros que puedan repercutir en nuestro desarrollo de las actividades. Por ejemplo, es cierto que en ciudades muy pobladas y con grandes problemas de tránsito como Buenos Aires, la prisa y la incertidumbre de llegar a horario son plausibles. Sin embargo, considerando que son factores que pueden incidir en nuestras actividades, deben contemplarse. Si tenemos en cuenta que posiblemente haya mucho tránsito, seguramente salgamos 15 minutos antes. Si efectivamente el tránsito nos demoró, llegaremos a horario. Si el tránsito no nos demora, llegaremos con tiempo de sobra para establecernos en nuestro destino, con tranquilidad. El tiempo es valioso, pero nuestra salud aún más, pensemos en estos minutos como una invención y no como una pérdida,  porque el beneficio será a largo plazo y 
para nosotros mismos.

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