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Además de festejos y regalos, las navidades y vísperas de año nuevo  suelen venir acompañadas de síntomas como ansiedad y angustia. Aunque diferentes sean las causas o los contextos, definitivamente las fiestas son un momento de estrés al que hay que sobrevivir.

Para entender el motivo de esta afirmación les propongo aplicar un ejercicio sencillo: tengamos en cuenta por un lado dos datos básicos y luego agreguemos el contexto. El primer dato nos dice que el estrés surge de la capacidad, de los mecanismos y de las consecuencias del esfuerzo de un proceso de adaptación llevado a cabo por el cerebro. El segundo dato nos aporta que la función del cerebro es lograr una adaptación eficaz, o sea, hacer frente en forma satisfactoria al estrés, logrando un equilibrio nuevo frente al cambio.

Ahora, teniendo en cuenta estos dos datos básicos, agreguemos el contexto a nuestra fórmula. Las fiestas entonces no son solo las fiestas: son el fin del año laboral y la ansiedad por cumplir con objetivos antes del nuevo año, son las frustraciones de lo no cumplido, las corridas y la necesidad imperiosa de realizar en pocos días lo que no se hizo durante el año.

En las fiestas todo se acelera, cada día que falta se asimila a un segundo de una cuenta regresiva antes de que explote la gran bomba. Y corremos para llegar porque es el principio de una etapa nueva con la expectativa de lo desconocido y de la posibilidad de volver a escribir un nuevo capítulo en hojas en blanco. Es el aumento de la temperatura y la prolongación de las horas de luz, es la expectativa por las posibles vacaciones, es el cambio de ritmos y rutinas de nuestros hijos, pero también es la reunión familiar con los queridos, los no tan queridos y los obligados, y es la eterna exposición a la mirada y evaluación del otro. Son las compras, la elección del regalo justo, el no olvidarse de nadie. Es el balance final, determinista, que casi como un juez sentencia: estamos solos, estamos en una situación que no queremos, querríamos estar en otro lugar con otra gente, lo hubiera hecho diferente, pudo haber sido mejor…

Por eso el período festivo es de alta demanda adaptativa en distintos campos de batalla, el externo y el interno, el práctico y el emocional. Y en consecuencia es la época en la que suelen aparecer las depresiones y las angustias, las ansiedades y los miedos, las cefaleas y los dolores abdominales. Y donde también surgen los riesgos debido al aumento del consumo de alcohol, el tabaco y los carbohidratos.

Las fiestas también pueden servir de disparador de conflictos, el estrés nos hace más sensibles, más reactivos, menos tolerantes. El cerebro busca ahorrar energías para concentrar las que tiene en el esfuerzo adaptativo, así que limita las situaciones de placer, tiende a alejarnos de los demás o a mantener lejos a los otros.

Durante este período el cerebro está haciendo un esfuerzo enorme para adaptarse a nada puntual y a todo junto.

PARA TENER EN CUENTA

:: Una de las mejores formas de prepararse para pasar las fiestas es minimizar la exposición a situaciones a las que uno debe adaptarse, tanto en cantidad como en intensidad.

:: A nivel laboral: ir bajando la cantidad de horas de trabajo en forma progresiva y si fuera posible hasta suspender algún día de semana la actividad, con más razón si las fiestas determinan el inicio inmediato de vacaciones. Es bueno un ingreso progresivo al cambio de actividades. Los cambios más bruscos o repentinos demandan mucho esfuerzo adaptativo.

:: Realizar los balances de fin de año en noviembre, tanto laborales como personales, tomando conciencia que en realidad no hay principio y fin, y que la diferencia entre el 22 de diciembre y el 1 de enero es solo de 10 días y no un teletransporte a unos años luz de distancia perdidos en el espacio.

:: Intentar festejar en contextos afectivos placenteros y no de obligaciones sociales, manteniendo distancia de aquellos espacios que generan ansiedad o malestar.

:: No traspasar los objetivos no cumplidos al año siguiente, sumándolos con los nuevos. Si no pudo cumplir algo, puede intentar detectar la causa y asumir que el lograr metas no depende solo de la idea de hacerlo. Hay situaciones, eventualidades, emociones que seguramente no están siendo contempladas en este momento y que van a surgir a lo largo de los meses que siguen.

:: Aliméntese bien y mantenga una estructura de ritmos diarios ordenada.

:: Realice actividad física.

:: Y recuerde: si aparece la angustia, el insomnio o la ansiedad consulte con su médico.

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