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S.O.S , un tano Pasman en el living

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Mucho se ha estudiado del efecto de la ansiedad en el futbolista y la influencia en su rendimiento deportivo, pero pocas veces se describe el impacto que tiene la ansiedad en el hincha de fútbol y como condiciona la conducta del seguidor del juego.
El mundial es un evento que tiene ciertas particularidades, reúne más hinchas que los torneos locales y hasta hace que los que nunca hablaron de fútbol opinen. Genera expectativas, discusiones, los partidos condicionan las rutinas, los horarios, las tareas y la concentración en nuestros deberes. El campeonato mueve emociones, provoca enojos, tristezas, frustraciones, alegrías, esperanzas; cambia conductas. El que no grita nunca, grita; otros quedan mudos; el ordenado y controlado, se desordena y descontrola; hace gregario al más introvertido.
El mundial hace que nuestro tono de ansiedad aumente. Cada partido se traduce en picos de ansiedad que se acompañan de inquietud, preocupación, taquicardia, aumento de presión arterial, sensación de falta de aire, acidez, dolores de cabeza, entre otros síntomas que dependen del desarrollo del juego, de los goles a favor o en contra, de los goles que se hacen y de los que deberían haberse hecho, de la actuación de jugadores, árbitros y entrenadores, y finalmente del resultado.

 

El termómetro de la ansiedad

¿Qué es la ansiedad? La ansiedad es una sensación que tiene un espectro que va desde la más leve inquietud, pasando por la preocupación, el miedo, llegando al pánico y desasosiego. Pero además está acompañada de otras características como pensamientos repetitivos, trágicos, en general respecto a lo que va a pasar, con tono negativo.
El ansioso es una persona preocupada casi constantemente y que le cuesta vivir el acá y ahora. Vive siempre en el futuro pensando en lo que podría pasar, en lo que debería hacer, vislumbrando situaciones riesgosas o fatalidades que en su imaginación son inevitables. También tiene gran cantidad de síntomas físicos, que van de leves a severos, con consecuencias médicas importantes: taquicardia, aumento de la presión arterial, aumento de lípidos y colesterol, acidez y úlceras, entre otras. En general, se acompañan de malestar anímico y de conductas que buscan regular y bajar esos niveles de ansiedad, y que pueden producir daño a largo plazo.
La ansiedad se genera a partir de la activación de ciertas estructuras del cerebro cuando se registra un riesgo real o imaginario que puede llevar a un cambio en el equilibrio biológico, llamado homeostasis. Cuando existe una demanda adaptativa, y la función básica y global de nuestro cerebro es la adaptación, se inicia la activación de diferentes recursos, tanto orgánicos como conductuales que tienden a lograr un nuevo equilibrio contemplando las variables que produjeron la pérdida del estado anterior.
Es por eso que la ansiedad es básica para nuestra supervivencia, ya que al dispararse se inician una serie de conductas que tienden a disminuirla. Es un recurso que forma parte del humano desde que este existe y su diseño biológico está estructurado para adaptarnos a contextos salvajes con situaciones de estrés que son cortas y de terminación rápida, por ejemplo el ser perseguido por un depredador. No es un diseño adaptado a la sociedad moderna en la que estamos expuestos a situaciones de demanda adaptativa a largo plazo, como puede ser un divorcio complicado. En consecuencia, este recurso hoy no tiene un contexto de funcionamiento acorde a lo que fue creado, y nuestros escenarios actuales pueden ser generadores de ansiedades crónicas y prolongadas que pueden llevar a diferentes enfermedades como las patologías cardiovasculares.

Fanáticos de la incertidumbre

La ansiedad nos ha permitido sobrevivir porque se activa frente a la incertidumbre, a lo desconocido, a lo que potencialmente nos puede hacer daño y no controlamos. La aparición de la ansiedad tiene que ver con la forma en que nos perfilamos frente a ese objeto o situación que es lo que gatilla sensaciones que pueden ser altamente condicionantes para nuestra conducta. Así, frente a cada situación de incertidumbre o de pérdida de control aparece nuestra ansiedad.
Y eso es el fútbol, incertidumbre frente a un evento que nos define de alguna forma, que determinará si en algo somos buenos, aunque en todo caso los jugadores serían los buenos, pero al representarnos como conjunto, como nación , está en juego mucho más que la habilidad futbolística. De ahí que, una serie de partidos nos posicionan como país frente al mundo , y en estos tiempos el ganar o perder nos da la identidad de “ganadores” o “perdedores”, como si eso se trasladara a todos los aspectos de nuestras vidas cotidianas . Así es como, entre otros elementos generamos ansiedad.
Cada partido es una prueba adaptativa, el mejor ejemplo es el sábado en el que nuestro equipo jugó con Irán y en el que a los 91 minutos de juego se logró un gol, que sufrimiento! Que ansiedad!
El cerebro tiene una expectativa, se enfrenta a una incógnita y no tiene control de esta actividad, solo es un mero espectador impotente de actuar frente al suceso que lo preocupa. Así aparecen conductas regulatorias, que tienen por objeto disminuir el malestar producido por la ansiedad: los gritos, insultos, las explicaciones eruditas y desautorizadas de técnicos y no técnicos, el uso de alcohol (ansiolítico eficaz y lesivo), los abrazos y el juntarse con otros, también son formas de disminuir el nivel de ansiedad del partido disputado, que va aumentando en la medida que el equipo gana o pierde y empeora al avanzar en el fixture, en paralelo al aumento de expectativas e incertidumbre.
Claro está que en el desarrollo de estos mecanismos de supervivencia en nuestra evolución no se tuvo en cuenta que eventualmente iba a existir un deporte que nos iba a activar el sistema de alarma, así que ahora debemos sufrir la ansiedad que produce.
Pero, si el fútbol genera ansiedad, ¿por qué nos gusta?, ¿por qué nos pegamos al televisor media hora antes o viajamos a otro país para verlo? La respuesta es porque tiene resolución, empieza, se desarrolla y termina; para mal o bien. Y los humanos somos casi adictos a aquellas situaciones que, aunque no tengamos control y eso nos genere ansiedad, tenemos la seguridad de un desenlace.
Así nos gusta desde la montaña rusa a una serie de televisión, lo que buscamos es el desenlace que nos otorgue paz nuevamente. Ese contraste entre el estado ansiedad/no ansiedad, tensión/no tensión, nos resulta agradable, siempre y cuando no suframos de un estado de ansiedad crónica, con incertidumbre en el desarrollo o en su final y que además, nos pueda llevar a tener consecuencia médicas serias.

 

TIPS PARA TENER EN CUENTA

– Juntarse con amigos y familia para ver el partido
– Evitar el exceso de ingesta de comida y alcohol durante la previa y los 90 minutos del partido.
– Caminar unos minutos durante el entretiempo para descontracturar el cuerpo.
– Discutir, gritar, opinar (aunque no sepa de fútbol)


 

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