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El estrés engloba a todas las exigencias, tensiones y agresiones a las que es sometido un individuo en forma crónica o aguda.

Es una respuesta fisiológica y psicológica que manifiesta el individuo ante las diferentes demandas, que se denominan “estresores”. Estos pueden ser cualquier estímulo, externo o interno (tanto físico, químico, acústico o somático como sociocultural) que, de manera directa o indirecta, provoca una desestabilización de la persona, impacta en el equilibrio dinámico del organismo (homeostasis).

Cuando las demandas del entorno son excesivas, intensas y prolongadas se supera la capacidad de resistencia y adaptación del individuo, por lo que se genera el llamado distres o estrés malo.

Por ejemplo: cuando estamos en la selva y vemos un tigre nuestros niveles de estrés suben pero en este sentido es positivo. Ahora cuando no hay una aparente amenaza y los niveles de estrés suben esto es distrés o estrés malo.

Por otro lado, la ansiedad es una emoción psicobiologica que se activa ante una demanda desafío o peligro presente o futuro. Es una respuesta que está ligada al instinto de conservación del ser humano que sirve para desencadenar una acción del organismo frente a la detección de situaciones de estrés.

Ahora… lo que interesa es saber si ¿Puede controlarse la ansiedad y el estrés?. Afortunadamente los diferentes estudios neurocientíficos avanzan cada vez más sobre las causas que los originan y por lo tanto se conoce más sobre aquello que reduce el riesgo de tenerlos.

¿Qué sabemos sobre el impacto de la alimentación en los índices de la ansiedad y el estrés?

Tener buenos hábitos para comer y elegir bien los alimentos son una manera eficaz de controlar el estrés.

Existen nutrientes que tienen un efectos anti estresantes, como por ejemplo las vitaminas A, C y E que tienen un influjo directo contra el mismo. Es importante saber que acción biológica del estrés sobre el organismo está asociada a la destrucción de las reservas de vitamina C que tenemos; y es por ello que el su consumo es crucial para que nuestro cuerpo esté preparado ante las posibles situaciones estresantes. Esta vitamina puede encontrarse en diferentes alimentos como el kiwi, naranja, pimiento, espinaca, grosella y fresa, entre otras.
Además, el potasio, magnesio y calcio son imprescindibles en esta cuestión ya que estimulan la reacción orgánica frente a las hormonas que el cuerpo segrega como respuesta al estrés. Por otro lado, tienen propiedades relajantes y favorecen el buen ritmo cardíaco. Las frutas, verduras, cereales enteros y carne son alimentos ricos en potasio.

En contrapartida a aquellos alimentos que son aliados frente al estrés, existen algunos que no lo son. El exceso de hidratos de carbono refinados (azúcares y harinas blancas), el exceso de grasas saturadas de origen animal, el exceso o insuficiencia de proteínas, el exceso de sal sódica, son algunos ejemplos.

No solo la cantidad y la calidad de los alimentos son importante sino que el ritmo alimenticio es otro factor a tener en cuenta. Desayunar y almorzar fuerte y realizar una merienda y una cena más liviana son claves, además de intentar tener ciertos ciclos alimenticios respetando horarios o al menos manteniendo ciertas franjas horarias para cada uno.  Planificar la forma en que nos alimentaremos durante la semana es una buena forma de reducir los riesgos de desarrollar estrés y ansiedad.

Otro factor, no menos importante es consumo de cigarrillo. Muchos fumadores señalan a la ansiedad, el nerviosismo y el estrés como uno de los principales motivos por los cuales encienden un cigarrillo, ya que adjudican al tabaco un efecto relajante que contribuye a reducir la sensación de irritabilidad que el estrés genera. Sin embargo, se sabe que el cigarrillo no alivia el estrés, sino que por el contrario, lo agrava, ya que es precisamente la dependencia al tabaco lo que genera nerviosismo y estrés.

No debemos olvidar, finalmente, que el agua es otro complemento vital para nuestro organismo, mucho más sano que las bebidas azucaradas y con gas. Se recomiendan beber 2 litros por día.

Como conclusión podemos decir que una dieta variada, llena de colores y sabores, incluyendo alimentos de forma equilibrada y armónica, es una forma de reducir el riesgo de desarrollar la ansiedad y el estrés. Si somos capaces de planificar y ser ordenados con este tema, podremos serlo con los diferentes aspectos de nuestra vida cotidiana.

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Contanos ¿Sabías sobre los efectos de estos alimentos?¿ Ponés en práctica algunos de estos consejos? ¿Qué nuevo hábito vas a incorporar?

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