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¿Terminó el mundial y ahora?

 

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Terminó, ahora hay que regular. Después de tanta expectativa, en términos neurobiológicos, de tanta ansiedad, terminó el mundial y ahora nuestros cerebros deben disminuir los niveles alcanzados de ansiedad.

La expectativa, el no saber, el creer que, son formas de pensar que acompañan y son causa de ansiedad, que justamente es una manifestación emocional del cerebro que aparece frente a la incertidumbre y que fue desarrollada para que pudiéramos adaptarnos más eficazmente. Así, frente al peligro, a lo desconocido, a lo no controlable se desencadenan diferentes niveles de ansiedad que varían en cada persona, según su genética, su historia de exposición a diferentes situaciones de demanda adaptativa a lo largo de la vida, y por situación contextual en la que se vive el episodio ansiogénico (que causa ansiedad).

En cada partido, nuestra ansiedad aumentaba, y los hinchas empezábamos a regular, en la medida que avanzaba el equipo, nos juntábamos con más amigos, cumplíamos menos con las obligaciones o estábamos distraídos dejando la excelencia de nuestro desempeño para otro momento, procrastinábamos tareas, hablábamos de fútbol, de Messi, de Lavezzi, alabábamos a Mascherano y santificábamos a Romero, aumentábamos nuestras cábalas. En cada partido también teníamos nuestras conductas regulatorias: gritar, pararnos, abrazarnos, llorar, consolarnos.

Todas estas acciones tienen un motivo que para el cerebro va más allá del partido en sí: tienen como objeto volver a nuestro equilibrio basal. Son acciones que los humanos repetimos una y otra vez cuando nuestra ansiedad se dispara. Por ejemplo, cuando se presenta una situación de riesgo en nuestros trabajos, ya sea, que alguien habla mal de nosotros desprestigiándonos, que nuestro jefe nos desaprobó, que nos equivocamos en algo, etc.,  comenzamos a hablar del tema  con nuestros amigos, compañeros, maridos, amantes, pero necesitamos hablar de eso, agradecemos a los que nos apoyan y nos sentimos en deuda con ellos. Si el nivel de ansiedad no disminuye, comenzamos a accionar impulsivamente, gritamos, insultamos y tomamos decisiones que no siempre son la solución al problema pero su finalidad es bajar nuestra ansiedad con alguna acción que, aunque nos perjudique en lo social, nos equilibra internamente.

Cuando no sabemos el final de una historia, se activa la ansiedad, porque es una situación de incertidumbre, equivalente para la biología a caminar por un bosque de noche, no sabemos si un depredador nos atacará o no, así que nuestro sistema de alerta está hiperactivo. Ese sistema tiene forma concreta en el sistema nervioso, se llama sistema simpático, y es una parte del sistema neurovegetativo que está conectado a todo el cuerpo y es uno de los pilares fundamentales por los que en el estrés se producen enfermedades del organismo como la hipertensión, las enfermedades del corazón, alteraciones en la sudoración y en la respiración, el aumento de la tensión muscular, entre muchas otras cosas. La conducta también nos regula, así que siguiendo el ejemplo de la serie de televisión que nos tiene en vilo, resolvemos nuestra ansiedad haciendo una maratón de capítulos para terminar de descifrar lo desconocido, el final; en realidad para terminar con nuestros niveles de ansiedad. El mundial es como una serie donde no podemos comprar todos los discos de una vez, nos obligan a esperar, cada capítulo es una incertidumbre, es un nuevo escalón de ansiedad.

Durante cada partido nuestro sistema simpático aumentaba su tono, y a través de nuestras conductas regulatorias, nuestro cerebro buscaba disminuir esos tonos que son potencialmente dañinos al organismo. Es ahí donde aparecen todas nuestras conductas regulatorias. Pero, aunque éstas, son eficaces, siempre queda un resto, nuestro tono basal se incrementa y en cada partido comenzábamos con un tono mayor al del partido anterior.

Esto se manifiesta en nuestra conducta diaria, podemos estar más nerviosos, irritables, obsesivos o sensibles, variables que muestran los cambios de tono basal.

Llegamos a la final, y es como escuchar un ruido en el bosque oscuro, ¿es un animal?¿ Nos va a atacar? ¿Será grande? ¿Corro? ¿ Me quedo quieto?. Quiero que esta situación termine de una vez, como sea, hasta que algo me coma es mejor que esta incertidumbre (ansiedad).

Casi entran algunas pelotas, Higuaín, Palacios…..hicieron que nuestros sistemas simpáticos llegaran a picos poco frecuentes, la taquicardia, palpitaciones, transpiración, la impotencia, son resultado de esa hiperactividad. El pararse, gritar, hablar, opinar, discutir, abrazarse, comer, tomar,  son conductas que buscan el equilibrio perdido.

Y Alemania metió un gol…..y ahí los argentinos nos dividimos en formas de regular, una parte, incrementó la tensión de su sistema esperando un milagro, otro grupo comenzó con la regulación final del cerebro, la angustia, casi depresión, necesaria para iniciar un proceso de lenta regulación y vuelta a nuestro tono basal de este sistema de alerta hiperactivado. Después del pitazo final todos comenzamos nuestra recuperación homeostática. El malestar, el llanto, el aislamiento, la tristeza, son formas que el cerebro busca para apagar el sistema de defensa.

Al fin el cerebro es un órgano que se maneja con dos variables básicas, sistemas activadores  y sistemas inhibitorios que interactúan entre sí constantemente. Y después de acelerar hay que frenar.

¿Y si hubiéramos ganado? En ese caso la ansiedad se hubiera sostenido por más días, pero progresivamente hubiéramos tenido conductas suavemente regulatorias para volver a nuestro tono basal, pero en este caso la angustia hubiera estado puesta en otras cosas, en volver al trabajo, a la rutina, a no tener el argumento de juntarnos y focalizar en algo diferente. Tal como nos pasa a la vuelta de unas agradables vacaciones, antes de volver nuestros sistemas se activan y luego regulamos con angustia, para adaptarnos a un contexto nuevo.

En definitiva los humanos somos adictos al juego de aumentar y bajar la ansiedad, de esperanzarnos y angustiarnos para después recuperarnos. Así nos subimos a una montaña rusa, nos enamoramos, encaramos proyectos difíciles, buscamos desafíos.

Para estos días ya terminamos de regular, y casi no hablamos más de fútbol, volvemos a nuestras ansiedades cotidianas, a nuestras preocupaciones diarias y a nuestras conductas regulatorias, eficaces o no, que buscan adaptarnos de la mejor manera posible.

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