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ayuda¡Hablar de lo que nos pasa es cuidar nuestra Salud Mental!

“Si alguien necesita mi ayuda para cualquier cosa, siempre estoy ahí. Soy el amigo con el que siempre se puede contar, sea escuchando o dando mis consejos. Pero no puedo pedir ayuda para mí. Es muy difícil”. ¿Te suena? Todos podemos tener diferentes razones, pero no eres el único al que le cuesta mucho pedir ayuda.  El pedir ayuda nos expone frente a otras personas.  Podemos llegar a sentirnos muy vulnerables y también podemos llegar a temer las consecuencias de esa exposición.

El estrés y la ansiedad asociada con este sentimiento de vulnerabilidad y exposición incluso pueden ser un disparador aún mayor para la depresión que originalmente tenemos. Inevitablemente, necesitamos ayuda.

Aquí están algunas de las razones por qué pedir ayuda puede ser tan terrorífico.

“Me encanta ayudar a otros, pero no puedo evitar sentirme avergonzado cuando soy yo el que necesita pedir ayuda a otra persona”. Algunas personas sienten que pedir ayuda es reconocerlo como falla y hasta sinónimo de debilidad personal.  De hecho, es todo lo contrario. Reconocer tus propias debilidades y admitir que necesitas ayuda demanda gran esfuerzo  de nuestra parte.

“Me hubiese aplastado si me siento rechazado “. El miedo al fracaso es el miedo al rechazo. ¿Imagina reuniendo fuerza suficiente para pedir ayuda y ser rechazado? El Apoyo para la depresión puede provenir de muchas fuentes; amigos íntimos y familiares son una opción, pero también contamos con  la psicoterapia, médicos o incluso foros donde la comunidad puede proporcionar enlaces a ayuda profesional.

“No debería molestar a nadie, yo sólo debería poder resolver mis problemas”. A veces tendemos a socavar la severidad de los síntomas y decimos simplemente “superarlo” aun cuando sabemos completamente que  no es tan sencillo.

“No quiero que piensen que estoy quebrado” – La vergüenza asoma su fea cabeza otra vez… el miedo de vernos débiles o incapaces puede detenernos en nuestras pistas. Para algunos de nosotros esta vergüenza que sentimos al tener que pedir ayuda, no esconde otra cosa que el miedo a ceder el control, como si el pedir ayuda significase el dejar de tomar nuestras propias decisiones de vida.

Estas y muchas otras situaciones contribuyen a un interminable y angustiante círculo vicioso. Pedir ayuda nunca es un signo de debilidad o una razón para sentir vergüenza. Reconociendo que estos sentimientos negativos son parte de su depresión ayudará a evitar la tentación de aislarse a sí mismo. La próxima vez que necesite pedir ayuda recuerde que nunca es demasiado tarde y que vale la pena intentarlo.

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