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La falta de tolerancia parece ser cada vez más común en nuestra sociedad, y la entendemos como la incapacidad de pararnos frente al otro e intentar comprender lo que le ocurre, dice o piensa, aún cuando no estemos del todo de acuerdo con su postura o sus opiniones. Esta falta de capacidad para comprender a la otra persona genera crisis tanto en los vínculos afectivos como en las relaciones laborales.

La tolerancia es una habilidad que entrenamos poco. De hecho, solemos verla como una debilidad, como si fuera un símbolo de poca convicción en la sociedad contemporánea. Muchas veces justificamos el ser intolerante y el mantener cierto desprecio a la opinión ajena.

El camino hacia la tolerancia

Para fomentar actitudes más comprensivas, una primera medida es tomar la decisión de cambiar, empezando a tener en cuenta y valorando la opinión del otro. El ejercicio de la tolerancia se va adquiriendo con el aprendizaje de no temerle a lo distinto y desconocido, y principalmente de aceptar la diversidad.

Te proponemos un ejercicio. Estas son algunas preguntas para que reconozcas si vas camino a la tolerancia o no: (Fuente: P.Morano)

1) ¿Rechazás algo simplemente porque es distinto?

2) ¿Al escuchar las ideas de otra persona las descalificás rápidamente con adjetivos ridiculizadores?

3) ¿Te molesta que quienes piensan distinto que vos tengan tribuna para dar su opinión?

4) ¿Crees que sólo tu verdad es importante y que todos deberían creer, pensar y/o sentir lo mismo que vos?

SI TUS RESPUESTAS A ESTAS PREGUNTAS SON TODAS AFIRMATIVAS, ENTONCES NO VAS CAMINO A LA TOLERANCIA.

Recordá que la tolerancia es una habilidad que se construye con su práctica todos los días y en todas las situaciones.

SANAMENTE

Vivimos en un mundo en el que todo va muy rápido y cuando llegamos a casa nos sentimos cansados, ¡como si hubiéramos corrido una maratón! Pero ¿corrimos realmente la maratón? No. Ni siquiera caminamos más de diez cuadras. Nos manejamos en auto o tomamos el colectivo y el subte en la parada más cercana a nosotros, casi no movemos el esqueleto, hábitos sedentarios que no son para nada saludables.

Rompiendo con la rutina

A continuación, te presentamos tres claves que te ayudarán a tomar la decisión de adoptar actitudes y hábitos más saludables.

¿Qué es la Actividad Física?
Es cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos que exija un gasto de energía.

¿Por qué es bueno hacer Actividad Física?
Porque la Inactividad física es el cuarto factor de riesgo en lo que respecta a la mortalidad mundial. Suele ser la causa principal de algunos cánceres, diabetes y cardiopatías. Por el contrario, la actividad física nos otorga múltiples beneficios, como mejorar la salud de nuestros huesos y músculos. Es además un determinante clave para el gasto energético, para controlar el peso y el gasto calórico.

Realizar Actividad Física con cierta regularidad reduce el riesgo de:
. Hipertensión
. Cardiopatías coronarias
. Accidentes cerebrovasculares
. Diabetes
. Cáncer de mama y de Colon
. Depresión
. Caídas

¿Pero… y cómo realizo Actividad Física?
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda a los adultos de 18 a 64 años destinar un mínimo de dos horas y media semanales a la práctica de actividad física aeróbica, de intensidad moderada, o bien setenta y cinco minutos de actividad física aeróbica fuerte cada semana, la que debería practicarse en sesiones de diez minutos de duración.

Es aconsejable que los adultos de esta franja etaria aumenten hasta cinco horas por semana la práctica de actividad física moderada aeróbica, o bien hasta dos horas y media semanales de actividad física intensa aeróbica. Además, que procuren realizar actividades de fortalecimiento de los grandes grupos musculares dos veces o más por semana.

La actividad física consiste en llevar a cabo actividades recreativas o de ocio, desplazarnos caminando o en bicicleta, correr, realizar tareas domésticas, juegos, deportes o ejercicios programados en el contexto de las actividades diarias, familiares y comunitarias.

No hay más excusas. Después de tantos beneficios en tan poco tiempo, ya podemos tomarnos el colectivo en la parada más lejana, o dejar el auto en casa y movernos en bicicleta, y por qué no animarnos y correr en grupos de running, anotarnos en un gimnasio, tomar clases de baile o comenzar un deporte. ¡Estás a tiempo!

Paula Rodríguez. Educación Física y Entrenamiento. Servicio de Medicina General, Coadyuvante y Optimización Integral (SOI) de INAC.

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Temporada de carbohidratos

El exceso de carbohidratos refinados, como los que se acostumbran comer en esta época tienen un efecto devastador en el organismo. Este tipo de hidrato de carbono se hace presente  en galletitas, pan, amasados de pastelería, pan dulce, turrones, tortas, panes de todo tipo, arroz y azúcar simple, entre otros alimentos.

Aquellos hidratos que fueron procesados en exceso, como predigeridos, de los cuales se aisla lo dulce del alimento y se elimina el resto, quedando  un azúcar de liberación rápida que provoca un aumento rápido también de glucosa en la sangre. Estos azúcares están desprovistos de vitaminas y minerales y contribuyen muy poco a regular procesos metabólicos, mantener la concentración y la energía.

Refinados y peligrosos

La manera como el cuerpo responde a esta embestida de azúcar en sangre es sacándola de allí y llevándola a las células. ¿Qué pasa si las células no necesitan más? El combustible (azúcar) se almacena primero en hígado y músculo, como glucógeno, y luego se deposita como grasa en cualquier parte del cuerpo.

Los carbohidratos refinados, agravan las condiciones de alta presión, altos trigliceridos y alto colesterol. Si usted es diabético y no controla sus carbohidratos refinados, le será imposible controlar su diabetes.

La fruta contiene fructosa que se incorpora rápidamente al torrente sanguíneo. Igualmente se considera un azúcar de liberación lenta ya que el cuerpo transforma la fructosa en glucosa, y además, al aportar fibras, se enlentece la absorción.

El exceso de glucosa fuerza al cuerpo a producir más insulina, enlenteciendo el metabolismo, compitiendo con otras hormonas como la tiroidea. También se agravan condiciones existentes de inflamaciones, hígado graso, y dolores articulares.

Como conclusión los mejores proveedores de azúcar de lenta liberación, que mantienen el nivel de glucosa estable son aquellos alimentos tales  como: panes integrales, avena, frutas y hortalizas frescas (manzana, pera, frutilla, durazno), nueces y almendras.

No hay nada de malo en un buen postre, pan dulce, un helado, pero siempre con control y sabiendo lo que se está comiendo, dándole importancia a la proporción de ellos en su plato navideño.

¿Qué le vamos a dar a nuestros hijos en estas fiestas?

Las estadísticas de obesidad y diabetes infantil han aumentado en los últimos 30 años. Es importante transmitir a nuestras familias que existen variantes saludables para la  alimentación diaria. Se puede comer rico y sano conservando los sabores de los alimentos.  Hoy en día contamos con la ventaja  de internet que nos abre un mundo de posibilidades en cuanto a recetas e ideas.

RECOMENDADO: Tomate unos minutos para ver la conferencia “The bitter truth” del Doctor Robert Lustig, sobre la problemática actual de carbohidratos refinados.

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Además de festejos y regalos, las navidades y vísperas de año nuevo  suelen venir acompañadas de síntomas como ansiedad y angustia. Aunque diferentes sean las causas o los contextos, definitivamente las fiestas son un momento de estrés al que hay que sobrevivir.

Para entender el motivo de esta afirmación les propongo aplicar un ejercicio sencillo: tengamos en cuenta por un lado dos datos básicos y luego agreguemos el contexto. El primer dato nos dice que el estrés surge de la capacidad, de los mecanismos y de las consecuencias del esfuerzo de un proceso de adaptación llevado a cabo por el cerebro. El segundo dato nos aporta que la función del cerebro es lograr una adaptación eficaz, o sea, hacer frente en forma satisfactoria al estrés, logrando un equilibrio nuevo frente al cambio.

Ahora, teniendo en cuenta estos dos datos básicos, agreguemos el contexto a nuestra fórmula. Las fiestas entonces no son solo las fiestas: son el fin del año laboral y la ansiedad por cumplir con objetivos antes del nuevo año, son las frustraciones de lo no cumplido, las corridas y la necesidad imperiosa de realizar en pocos días lo que no se hizo durante el año.

En las fiestas todo se acelera, cada día que falta se asimila a un segundo de una cuenta regresiva antes de que explote la gran bomba. Y corremos para llegar porque es el principio de una etapa nueva con la expectativa de lo desconocido y de la posibilidad de volver a escribir un nuevo capítulo en hojas en blanco. Es el aumento de la temperatura y la prolongación de las horas de luz, es la expectativa por las posibles vacaciones, es el cambio de ritmos y rutinas de nuestros hijos, pero también es la reunión familiar con los queridos, los no tan queridos y los obligados, y es la eterna exposición a la mirada y evaluación del otro. Son las compras, la elección del regalo justo, el no olvidarse de nadie. Es el balance final, determinista, que casi como un juez sentencia: estamos solos, estamos en una situación que no queremos, querríamos estar en otro lugar con otra gente, lo hubiera hecho diferente, pudo haber sido mejor…

Por eso el período festivo es de alta demanda adaptativa en distintos campos de batalla, el externo y el interno, el práctico y el emocional. Y en consecuencia es la época en la que suelen aparecer las depresiones y las angustias, las ansiedades y los miedos, las cefaleas y los dolores abdominales. Y donde también surgen los riesgos debido al aumento del consumo de alcohol, el tabaco y los carbohidratos.

Las fiestas también pueden servir de disparador de conflictos, el estrés nos hace más sensibles, más reactivos, menos tolerantes. El cerebro busca ahorrar energías para concentrar las que tiene en el esfuerzo adaptativo, así que limita las situaciones de placer, tiende a alejarnos de los demás o a mantener lejos a los otros.

Durante este período el cerebro está haciendo un esfuerzo enorme para adaptarse a nada puntual y a todo junto.

PARA TENER EN CUENTA

:: Una de las mejores formas de prepararse para pasar las fiestas es minimizar la exposición a situaciones a las que uno debe adaptarse, tanto en cantidad como en intensidad.

:: A nivel laboral: ir bajando la cantidad de horas de trabajo en forma progresiva y si fuera posible hasta suspender algún día de semana la actividad, con más razón si las fiestas determinan el inicio inmediato de vacaciones. Es bueno un ingreso progresivo al cambio de actividades. Los cambios más bruscos o repentinos demandan mucho esfuerzo adaptativo.

:: Realizar los balances de fin de año en noviembre, tanto laborales como personales, tomando conciencia que en realidad no hay principio y fin, y que la diferencia entre el 22 de diciembre y el 1 de enero es solo de 10 días y no un teletransporte a unos años luz de distancia perdidos en el espacio.

:: Intentar festejar en contextos afectivos placenteros y no de obligaciones sociales, manteniendo distancia de aquellos espacios que generan ansiedad o malestar.

:: No traspasar los objetivos no cumplidos al año siguiente, sumándolos con los nuevos. Si no pudo cumplir algo, puede intentar detectar la causa y asumir que el lograr metas no depende solo de la idea de hacerlo. Hay situaciones, eventualidades, emociones que seguramente no están siendo contempladas en este momento y que van a surgir a lo largo de los meses que siguen.

:: Aliméntese bien y mantenga una estructura de ritmos diarios ordenada.

:: Realice actividad física.

:: Y recuerde: si aparece la angustia, el insomnio o la ansiedad consulte con su médico.

 

 

cognitivo

 

El envejecimiento es un proceso continuo que se da naturalmente y  que implica cambios.  Algunos son visibles como la disminución de la agudeza visual, la disminución de la agudeza auditiva, las canas, las arrugas….

Otros, no lo son tanto y sin empezar en un momento determinado, van sufriendo un declive natural. Es el caso de las funciones cognitivas, que también sufren modificaciones con el tiempo: memoria, atención, concentración, capacidad para organizarse y planificar una tarea, velocidad de procesamiento.

Teniendo en cuenta esta evolución natural, en el envejecimiento normal hablamos de declive y no de déficit. El declive se da por el paso del tiempo y el déficit, cuando el rendimiento cognitivo de una persona se aleja de la media correspondiente a su edad.

Es muy importante tener presente que cada una de las funciones cognitivas pueden afectarse en forma independiente, algunas pueden estar más afectadas y otras menos, y es fundamental en este proceso, la reserva cognitiva que cada persona tenga.

Reserva cognitiva, divino tesoro

Cuando hablamos de reserva cognitiva, hablamos de experiencia, del nivel de escolaridad, del nivel de información adquirido, de los hábitos lectores, como así también de la alimentación y del estado físico.

Con el correr de los años, se va ganando experiencia, información, conocimiento de palabras, y al mismo tiempo se van lentificando los procesos o haciendo más difícil el hecho de recordar un nombre, una película, un lugar….

Los conocimientos y la experiencia van en aumento,  y la capacidad y velocidad para resolver declinan. Pero  aunque la posibilidad de atender se vea afectada en tareas complejas, si la persona se toma más tiempo podrá  resolver esa tarea sin dificultad.

Respecto a la memoria, notamos que si bien no hay pérdida de información, aparecen dificultades para evocar libremente, mejorando con claves o reconocimiento.

El rendimiento ejecutivo, proceso superior que tarda más tiempo en  evolucionar y madurar, también se ve afectado, y se manifiesta con perseveraciones o conductas repetidas y  dificultades para planificar y resolver tareas que incluyan el pensamiento abstracto.

Del mismo modo, el lenguaje sufre sus modificaciones. Si bien el vocabulario se va enriqueciendo con el tiempo, se empieza a complicar la utilización activa, ya que implica un procesamiento mayor. Por ejemplo: el razonamiento verbal, la denominación de objetos y la fluidez verbal se ven afectados por el paso del tiempo.

En el envejecimiento normal, aunque se observan cambios, estos no impactan funcionalmente. Las personas pueden seguir con su vida  en forma autónoma  y no se ven afectadas las actividades de la vida diaria.

La estimulación cognitiva en este punto es una oportunidad.

 

La velocidad de la vida cotidiana, el mito sobre la figura del psiquiatra, el acostumbramiento a situaciones… Muchas son las excusas que nos ponemos para no encargarnos de nuestra salud emocional. La Lic. Raquel Reis analiza, desde su  experiencia en el Servicio de Conducta, Orientación y Guía de INAC, el porqué de este comportamiento.

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Una cuestión de actitud

En los tiempos actuales, donde la preocupación es la “calidad de vida”, muchas veces no nos damos cuenta que esto debe ir acompañado  de una  vida mental – emocional sana y equilibrada, y  tendemos a pasar por alto algunas alertas.

Así como tenemos un cuerpo físico, que muchas veces nos revela  su mal funcionamiento a través de distintas dolencias, también tenemos un “cuerpo-aparato psíquico” que nos da señales. La diferencia está en que estas últimas no tienen en general una manifestación localizada e inmediata. No producen una herida, un sangrado o  no requieren una cirugía,  pero si van dando lugar a un gradual “acostumbramiento-adormecimiento”,  a  una “manera de estar, de vivir, de relacionarnos”.

Sumamos a esto, la fantasía popular de que si voy al “psiquiatra” es porque “estoy loco, que van a pensar de mí si digo que voy al psiquiatra, me van a mirar como raro”.  Nos olvidamos que el ser humano es un “todo”, donde la interrelación entre cuerpo-mente es constante, fluida, y que las irregularidades de un área tienen efecto en el otro, y viceversa.

Nos resulta difícil entender que los “órganos” del aparato psíquico son las emociones. Por lo tanto, las situaciones de tristeza, los nervios, las pérdidas, la soledad, la incomprensión, los miedos, las modalidades vinculares  conflictivas, la irritabilidad, el padecimiento de enfermedades físicas, las frustraciones, la infelicidad, las desilusiones, pueden llegar a “enfermarnos”.

A través de esta breve reflexión, la invitación es que no lleguemos a un estado-cuadro psicopatológico. “Psico(pathos: enfermedad)logía, sino que tomemos conciencia de que así como realizamos un chequeo físico, también podamos realizar un “chequeo psíquico” para entonces sí, lograr esa tan deseada “calidad de vida”.

 

 

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La neurociencia es el estudio del cerebro en todas sus formas y busca explicar cómo este logra que seamos seres únicos. Estudia desde su estructura subcelular, sus células, su anatomía, su funcionamiento y su genética, hasta el resultado final de la interacción de todo el órgano,  expresado en la conducta, las emociones y la capacidad adaptativa.

El cerebro es el centro de operaciones de nuestro organismo, es el que determina quienes somos. El resto de los órganos del cuerpo existen para que el cerebro viva,  y obedecen  sus órdenes en forma directa.  Paralelamente, es un órgano compuesto por gran cantidad de células, entre las que siempre se ha destacado la neurona por sus características y capacidades funcionales únicas.

Los seres humanos poseemos 100 billones de neuronas con 100 a 500 trillones de conexiones, que además tienen la capacidad de modificarse en forma continua, y en algunas áreas las neuronas hasta pueden duplicarse.  A este fenómeno se lo llama neuroplasticidad, y esta capacidad de modificar su estructura hace que el cerebro sea un órgano dinámico en constante cambio.

El cerebro tiene gran cantidad de funciones: pensar, sentir, interactuar, moverse, motivarse, decidir, procesar información, crear, etc.  Pero todas estas capacidades se han desarrollado evolutivamente para cumplir dos funciones finales, la adaptación efectiva y la transmisión de nuestra información genética con el objetivo final que nuestra especie sobreviva.

Es por todo esto que el estudio del cerebro es tan amplio y complejo que requiere la interacción de diferentes disciplinas. No es factible abarcar todas las posibilidades desde una única visión. Por eso,  la neurociencia busca articular todas estas perspectivas y conformar un cuerpo de conocimiento aplicable a las distintas áreas, no solo para la comprensión de su fisiología, sino también para su aplicación clínica en el tratamiento de diferentes enfermedades y discapacidades.

En los próximos años se avanzará enormemente en el estudio del cerebro. Hoy las neurociencias están de moda porque parte de estas investigaciones han llegado a la población general que se ha interesado por saber cómo funciona su cerebro.  Es alentador que la gente pueda informarse sobre el cuidado de este órgano que lo es TODO.

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